JORNADAS “CÁTOLICOS Y VIDA PÚBLICA”

Huesca, 9 y 10 de marzo de 2007

 

Presentación. Por D. Jesús Sanz Montes

 

            Queridos amigos.

Cuando, a la puerta de nuestra casa en la que vemos pasar la realidad de cada día vemos desfilar ante nosotros cuestiones que nos provocan la más luminosa alegría u otras que pretenden acorralarnos de su más pérfida maldición, nos viene el pensar de algún modo cómo escaparnos, cómo huir de lo que nos desborda, de lo que no entendemos y que nos asusta en su ambigüedad. Sin embargo, las cuestiones están ahí. No son siempre “cuestiones religiosas”, esas típicas que típicamente nos apresuramos a responder desde nuestras prédicas, a acompañar desde nuestras instituciones de caridad, a formar desde nuestra mejor catequesis. Y entonces, como no pocos dicen, desde dentro y desde fuera, no es nuestro ámbito: nosotros dediquémonos sólo a rezar, o a construir religiosidades sin decir palabras gruesas, ni provocar a la autoridad incompetente, ni aprestarnos a que nos digan acá y acullá qué sé yo cuántas lindezas. Esta sería la trampa, este sería otro rostro de chantaje, en una imposible neutralidad. La neutralidad no existe cuando la verdad, la vida, la libertad, la dignidad... están en entredicho o de tantas formas perseguidas con la más sofisticada hostilidad.

Por este motivo, porque debemos posicionarnos, comenzamos por reconocer que hay cuestiones que son “cuestiones profanas” que tienen que ver con lo que condiciona o posibilita esa verdad, esa vida, esa libertad o esa dignidad. Entonces son “cuestiones profanas” que también nos pertenecen, como personas, como ciudadanos y como católicos.

De hecho, nuestra Diócesis emprendió hace algo más de un año una iniciativa humilde pero tenaz con la creación de un Aula de Pensamiento y Actualidad. Veíamos que hay temas en el vaivén de nuestra época que no coinciden con lo que desde un púlpito, o desde un documento magisterial eclesiástico, o -en algunos casos- desde una carta pastoral, podemos estar diciendo y proclamando. Y además hay oyentes y lectores que no siempre frecuentan nuestros auditorios, nuestras publicaciones y foros.

Son temas que, sin embargo, están ahí en la trama de lo que realmente importa de modo inmediato a las personas: la vida, la libertad, la educación, la política, la familia, el terrorismo y la violencia en todos sus rostros, el dolor y la muerte... Quisimos estrenar un ámbito de reflexión y propuesta, que alargara lo que sin duda podemos con otro lenguaje decir desde nuestros canales habituales.

Esta es la intuición que la Asociación Católica de Propagandistas ha tenido al organizar estos congresos de alcance nacional, que tienen la ya sintomática cabecera “Católicos y Vida Pública”. Además de sus siete convocatorias a nivel de España, se van asomando a diversas diócesis en las que en una edición menor, menos extensa pero no menos intensa, quieren acercarnos un mensaje nos resulta tan cercano, que en él nos es fácil reconocernos: ser católicos también en la vida pública. Fieles a quien inspiró y hasta urgió a toda una generación de católicos comprometidos con ese aspecto de la vida pública que es la comunicación social, el que fuera Cardenal Herrera Oria, la ACdP han hecho suyo este ímpetu de transmitir, de comunicar, una fe católica que no se resignará jamás a ninguna catacumba, a ninguna sacristía, por más que desde fuera e, incluso, desde dentro de la misma comunidad cristiana, se pretenda sofocar y encerrar la voz de la Iglesia como algo privado, insignificante, fuera de la realidad.

En nuestra primera aparición con nuestra Aula de Pensamiento y Actualidad, decíamos que son muchas las áreas a las que llegar poniendo en ellas la luz del Evangelio y proseguir escribiendo con pluma cristiana las páginas de cada generación. La gloria de Dios al que queremos conocer y amar cada mañana más y más. La herida del hombre en todas sus formas, que deseamos vendar y curar con el bálsamo de la ternura y de la misericordia. Los retos que nos plantea este mundo y sus culturas, con las que queremos dialogar y ofrecer nuestro diagnóstico y nuestras certezas. Son muchas las áreas, sí en las que poder verter una manera concreta de ver la realidad, de abrazarla, de acompañarla y hasta de salvarla. Es la manera católica, la propia de los hijos de Dios que se saben al mismo tiempo hijos de la Iglesia e hijos de un tiempo, de una generación.

Yo celebro que esta tarde en nuestra Diócesis podamos acoger a la ACdP que ha querido celebrar unas (I) Jornadas de Católicos y Vida Pública. Las tres ponencias que vamos a escuchar, y las tres mesas redondas que vendrán a continuación de las mismas, nos ponen ya en esa óptica serena pero audaz: en la vida pública de lo que a diario sucede, queremos expresar con respeto nuestra identidad como católicos. Una fe que no sólo saber hacerse adoración y escucha del Buen Dios, sino que también -y por eso mismo- desea abrazar lo que ese Dios abrazó: la historia. En el surco de la historia, dejar que nuestra fe católica se haga cultura, se haga política, se haga arte, se haga solidaridad, se haga sociedad.

Termino con una cita de la reciente película de Mel Gibson, Apocalypto, que  comienza con la frase de Will Durant: «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro». Esta frase, que como alguien ha dicho tiene una lucidez que espanta, sirve de diagnóstico para nuestra época. No quisiéramos ser conquistados por nadie, y por el contrario queremos y podemos dialogar con todos, no en un encuentro vacío de compromiso y de traición a la propia identidad, sino desde el leal deseo de ofrecer nuestra perspectiva católica en la vida pública, como quien comparte lo que a nosotros se nos ha concedido inmerecidamente de parte de Dios, cuya herencia y patrimonio, la Iglesia custodia, defiende, celebra y anuncia con fidelidad creativa y con apasionada pasión.

A los organizadores, a cuantos van a participar como ponentes y miembros de las mesas redondas, y dentro de nuestra Diócesis al Vicario General, D. José Antonio Satué y al Dr. Miguel Marigil por su impagable colaboración, mi gratitud más expresa.

 

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

 

Huesca, 9 marzo 2007