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Fiesta del santo Cristo de los Milagros

 

 

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Unas 122 personas, de 20 localidades distintas, peregrinaron hasta la Catedral de Huesca el pasado 12 de septiembre, festividad del santo Cristo de los Milagros, para participar en la celebración de esta tradicional y popular fiesta.

Las localidades desde las que se desplazaron un mayor número de peregrinos fueron Banastás y Sangarrén, de donde participaron casi una veintena de personas de cada pueblo, otras 11 personas de Igriés y desde Vicién y Sesa, llegaron una decena de peregrinos de cada población. Además, participaron vecinos de Alcalá de Gurrea, Alcalá del Obispo, Alerre, Antillón, Arascués, Argavieso, Bolea, Chimillas, Frula, Igriés, Linas de Marcuello, Monflorite, Pueyo de Fañanás, Puibolea, Quicena, Siétamo y Tabernas de Isuela.

El Obispo de Huesca, Mons. Julián Ruiz Martorell, acompañado del deán de la Catedral, Juan Carlos Barón, del prior de la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros, José Luis Estallo, de cofrades, sacerdotes y devotos oscenses, acogió a los peregrinos, a las 7:45 horas, en la plaza de la Universidad de Huesca. Allí, tras el ritual de bienvenida, los peregrinos se unieron a la procesión de regreso hasta la Catedral, donde, con el traslado de la imagen del santo Cristo de los Milagros de su capilla hasta el Altar Mayor, comenzó la Eucaristía, presidida por el prelado oscense.

En la homilía Mons. Julián, además de citar las obras de misericordia corporales y espirituales, recordó algunos versos del himno que se ofrece al santo Cristo de los Milagros: “santísimo Cristo de los Milagros, el pueblo oscense jubiloso y fiel, te ensalza, te suplica, te agradece, postrado fervoroso a tus pies”. De este modo, centró su sermón en tres verbos, que extrajo de este fragmento del canto: ensalzar, suplicar y agradecer.
 
En primer lugar, subrayó, “ensalzar significa reconocer, valorar y bendecir al Señor por su plan de salvación, por todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos, acerca de Jesucristo” e insitió en que “debemos ensalzar al Señor en este año de la misericordia”, de un modo especial, y en que “los cristianos necesitamos tener una mirada capaz de reflejar la misericordia de Dios”. “Si nuestra mirada no da testimonio de haber visto a Jesús, entonces las palabras que pronunciamos resultan vacías”, añadió.

En referencia al segundo verbo, “suplicar que el Señor nos abra el entendimiento y el corazón para comprender las escrituras, especialmente cuando leemos, hemos de mirar al siervo de Dios, descrito en la primera lectura como un siervo de quien muchos se apartan, porque desfigurado no parece hombre, ni tiene aspecto humano”. Por último, invitó a “agradecer todos los bienes que hemos recibido este último año y que, en ocasiones, no hemos sabido apreciar ni valorar. No hemos dado gracias de corazón”.

El broche de la jornada fue el solemne Pontifical, que tuvo lugar en la seo oscense a las 8 de la tarde, cuando se realizó el traslado de la imagen del santo desde el Altar hasta su capilla, donde permanece durante todo el año. Esta celebración estuvo presidida, de nuevo, por Mons. Julián Ruiz.

 

Huesca, 13 de septiembre de 2016

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