Conferencia Episcopal

Comentario del Evangelio

 

La necesidad de orar

 

 

Lucas 11, 1-13:

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».

Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

 

Comentario:

El ejemplo de Jesús

El último evangelio de este mes de julio nos plantea directa e insistentemente el tema de la oración.  El punto de partida es la oración de Jesús. Él está rezando, como hacía con frecuencia, y este “estar en oración” del Señor es lo que despierta en sus discípulos las ganas de vivir también ellos esa experiencia. Y le piden a Jesús que les enseñe a rezar.

Padre

A partir de aquí el texto tiene dos claves: la palabra “Padre” y el sustantivo “importunidad”. Vamos por partes, en primer lugar, la palabra Padre que es la primera palabra de la oración del padrenuestro. Es necesario decir que este texto del padrenuestro difiere un poco del texto paralelo que encontramos en Mt 6, 9-13. El texto lucano es más breve y posiblemente, según la opinión de los expertos, representaría con mayor fidelidad las palabras de Jesús. Pero lo teológicamente importante es que la oración que Jesús les enseña (en ambos evangelios) empieza por la palabra Padre. Y es esta palabra la que expresa una absoluta cercanía de Dios hacia el hombre. Todas las peticiones del padrenuestro no se entienden sin esta palabra principal. Al Padre nos dirigimos pidiéndole el pan, pidiéndole que perdone nuestros pecados, que nos guarde de caer en tentación… Para abundar en esta idea de Dios como un Padre cercano, Jesús relata la última comparación de este evangelio. Dios es como ese padre que solo puede dar a sus hijos las cosas que le piden y éstas solo pueden ser buenas. Porque un Padre quiere a un hijo. En la oración podemos sentir una cercanía familiar con Dios, es nuestro Padre, no hay nada que temer.

Importunar a Dios

La siguiente clave es la palabra “importunidad”. Traduce correctamente el término griego anaideia, que significa: molestar a alguien con una solicitud. El sentido sería orar sin desfallecer, sin cansarse, hasta el extremo de “importunar” a Dios. Sí, claro que Dios no se molesta con nuestra oración. Lo que quiere transmitir Jesús es que nunca hay que abandonar la oración. Los tres imperativos que utiliza (pedid, buscad y llamad) nos transmiten la idea del constante diálogo de los hijos con su Padre en la oración. La parábola del amigo inoportuno explica a la perfección esta realidad.

Rezar y amar todos los días

Una última observación. El hombre debe rezar sin desfallecer no porque crea que así va a conseguir de Dios automáticamente lo que necesita. El premio de la oración, dice Jesús, es que Dios concederá el don de su Espíritu Santo. Dios sabe, mejor que nosotros, lo que nos conviene. El cristiano reza sencillamente porque ama a Dios, que es su Padre. Y lo hace con frecuencia, todos los días, porque uno a su padre y a su madre los ama todos los días. Que no olvidemos esta invitación en estos meses de descanso. ¡Feliz verano a todos!

 

Rubén Ruiz Silleras

 

 

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, ciclo C.

28 de julio de 2019.

 

Ir a índice de comentarios de este año litúrgico

 

Obispado de Huesca - Plaza Catedral 8 - 22002 Huesca

 

mapa     callejero              Teléfono 974221027 - Fax 974220679                  Aviso legal