Conferencia Episcopal

Mons. Julián Ruiz Martorell

Escudo

 

Ir a la página oficialAparece en la zona inferior la Sagrada Escritura, de donde surge toda la vida cristiana. Rezamos con el salmo: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119[118],105). “La palabra de Dios es viva y eficaz” (Hb 4,12). La palabra no vuelve a Dios vacía: “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11). Pedro dice a Jesús: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

En la parte superior hay dos secciones, la de la izquierda, con la representación de la Eucaristía, que es “fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” (XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos). El Papa Benedicto XVI comienza la Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis” con estas palabras: “Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor "más grande", aquel que impulsa a "dar la vida por los propios amigos" (cf. Jn 15,13)” (nº 1).

La sección de la derecha representa el Pilar, la columna de la fe, expresión de la devoción a la Madre del Señor. Escribe Benedicto XVI en el nº 49 de la Encíclica “Spe salvi”: “La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su "sí" abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo…” .

Detrás aparece el báculo, signo del ministerio pastoral, cayado, punto de apoyo. “Tu vara y tu cayado me sosiegan” (Sal 23 [22],4).


5 de marzo de 2011


 

 

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