Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

La dinámica de la gracia

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

Es preciso comprender y vivir la unidad entre la Cuaresma, el Triduo pascual y el desarrollo de la Pascua. La secuencia temporal nos permite saborear los aspectos concretos, los acentos, el significado y la explosión de gracia que se nos concede en estos meses primordiales del año litúrgico. Pero también hemos de percibir su conexión, su dinámica interna y el movimiento que engendra en nuestra historia personal y comunitaria.

No hay Pascua sin preparación. No es posible vivir el Triduo pascual sin su preludio cuaresmal. Cuaresma no es solamente una secuencia temporal, sino una trayectoria de gracia, un dejarnos conducir por el Espíritu que nos invita a prestar atención y “prestar intención”. Hemos de ser conscientes de los acontecimientos que vivimos y de su lógica interior, de su carácter procesual, de su intensidad y de su intencionalidad.

Jesucristo pasa constantemente a nuestro lado haciendo el bien. Percibe nuestras deficiencias y expectativas, escucha nuestros lamentos, conoce nuestras inseguridades, nos acompaña en nuestro sendero, nos advierte de los peligros, nos consuela con su presencia, nos orienta con su palabra. Él viene a hacer nuevas todas las cosas y, a su luz, descubrimos la inconsistencia del peso inútil que vamos acumulando en nuestra mochila vital.

Cuaresma no es solamente una oportunidad para desprendernos de lo que nos sobra, en la vida, en nuestras obras, en nuestras palabras, en nuestros proyectos, en nuestros sueños. También es una ocasión favorable para cargar nuestras pilas con una energía que no es efímera, sino permanente. El Espíritu Santo ya está actuando en nuestro corazón, moviendo nuestra voluntad, abriendo nuestro entendimiento, venciendo nuestras resistencias, dirigiendo nuestros pasos, haciéndonos conocer el genuino sendero que conduce a la verdadera vida.

Pascua no es la fiesta de la “gracia barata”. Supone disposición de ánimo, capacidad de acogida, disponibilidad interna, apertura de espíritu. Y esto no se improvisa. Sin Cristo no hay Pascua. Y no podemos conocer y amar a Cristo si no escuchamos su palabra, si no hacemos nuestros sus sentimientos, si no le acompañamos en su silencio, si no experimentamos en nosotros su victoria sobre la tentación, si no percibimos su capacidad de transfigurarse y de transfiguranos. La meta es pensar como Cristo Jesús, amar como Cristo Jesús, vivir como Cristo Jesús.

Pasar por el desierto cuaresmal significa pisar terreno inhóspito, conocer las insidias seductoras y no desaprovechar las ocasiones de crecimiento que se nos ofrecen a través del ayuno solidario, de la oración perseverante y de la limosna generosa.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

28 de febrero de 2021

 

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