Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Adviento: mirar, vivir, descubrir

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Adviento despierta en el corazón de los cristianos la experiencia de que Dios viene a nuestro encuentro para renovar el mundo. El pueblo cristiano vive un triple movimiento del espíritu:

1) Dirige su mirada hacia la etapa definitiva de su peregrinación en la historia, cuando el Señor Jesús vuelva glorioso. La comunidad cristiana espera con ansia la manifestación final del Señor porque confía en su fidelidad.

2) Vive emocionado el memorial del nacimiento del Salvador en la pobreza y sencillez de Belén. La esperanza cristiana se orienta hacia el futuro, pero está arraigada en un acontecimiento de la historia.

3) Descubre la presencia del Señor en cada acontecimiento y en cada persona. Así, el presente se vive con pasión y confianza. El arduo camino de cada día queda iluminado al compás de los pasos de Jesucristo que nos guía. La espera de un cielo nuevo y una tierra nueva aviva la preocupación por el presente, tiempo de siembra laboriosa.

La comunidad cristiana experimenta una profunda alegría que se comunica a toda la sociedad. Es el gozo que anhelan todos los corazones abatidos y desolados. Si Dios se acerca a nosotros, nuestra respuesta agradecida también se traduce en gestos de cercanía hacia los demás, especialmente quienes están más solos.

El Papa Francisco dijo: “Hacerse prójimo significa evitar que el otro permanezca presa del infierno de la soledad”. No podemos ser indiferentes, sino que “cada uno, según sus posibilidades, debe comprometerse a quitar un trozo de soledad a los demás. Hay que hacerlo no tanto con palabras, sino sobre todo con compromiso, amor, competencia y poniendo en juego el gran valor agregado que es nuestra presencia personal. Hay que hacerlo con cercanía, con ternura” (16 marzo 2019).

Adviento es un tiempo de gracia que hemos de vivir con gratitud y asimilar con discernimiento. Desde el punto de vista cuantitativo no es un tiempo demasiado extenso, pero su significado es tan intenso que debemos saborearlo con deleite, instante tras instante. Adviento ofrece la respuesta a grandes preguntas: quiénes somos, para qué vivimos y a quién esperamos.

En medio del destello de las luces y adornos que nos acompañan en este tiempo de oscuridad e incertidumbre, la luz de la esperanza cristiana brilla a través de sencillos y eficaces gestos de fraternidad. Una pequeña luz de amor y cercanía puede contribuir a iluminar la densa noche de tinieblas que sufren las personas más vulnerables.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

29 de noviembre de 2020

 

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