Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

"Alabado seas, mi Señor"

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Durante los meses de verano aumenta nuestro contacto con la creación. Nos enriquecemos con muchas experiencias: vivir en los pueblos, realizar excursiones, visitar espacios rurales, conocer y reconocer paisajes, escalar montañas, disfrutar de los ríos, cuidar a los animales, contemplar el crecimiento de las plantas, participar en la cosecha de lo sembrado, recoger los frutos y otras muchas actividades.

El 24 de mayo de 2015, el Papa Francisco promulgó la Encíclica Laudato si`. Este año se cumple el quinto aniversario de un documento que tiene una importancia trascendental en la vida de la Iglesia. Para reflexionar sobre la Encíclica, el Papa proclamó un Año Especial Laudato si`, que se está celebrando desde el 24 de mayo de 2020 hasta el 24 de mayo de 2021.

En la convocatoria del Año Especial Laudato si` el Papa afirmó que en la Encíclica se ha llamado la atención sobre el grito de la Tierra y los pobres e invitó “a todas las personas de buena voluntad a unirse, para cuidar de nuestra casa común y de nuestros hermanos y hermanas más frágiles”.

Leemos en la Encíclica: “Es importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a "labrar y cuidar" el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Mientras "labrar" significa cultivar, arar o trabajar, "cuidar" significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras” (LS 67).

Y también: “Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo, porque "él lo ordenó y fueron creados, él los fijó por siempre, por los siglos, y les dio una ley que nunca pasará" (Sal 148,5b-6)” (LS 68).

Estamos llamados a contemplar el misterio del universo: “Para la tradición judío-cristiana, decir "creación" es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal” (LS 76).

Dios nos habla a través de la Sagrada Escritura, y también por medio del libro de la creación. En él se puede leer una bella narración que nos conmueve y estremece. La sabiduría de todos los pueblos recoge relatos de hondo significado y experiencias comunes a todas las culturas.

La creación no es solamente el escenario en el que se desarrolla la trama de la historia, sino que es, en sí misma, espacio envolvente, ámbito nutriente, hogar común. Estamos llamados a un uso responsable de los bienes, porque no somos propietarios, ni dominadores, ni explotadores. La humanidad no puede dar la espalda al problema de la degradación de la creación, o vivir desde la indiferencia, la cómoda resignación o la confianza ciega en las soluciones técnicas.

El Papa nos invita urgentemente a “un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta” (LS 14).

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

5 de julio de 2020

 

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