Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

"Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro"

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.


La celebración del “Día de la Iglesia Diocesana” nos interpela sobre nuestro sentido de pertenencia, nos compromete en nuestra colaboración activa y nos anima al reconocimiento y la gratitud.

1) Nos interpela sobre nuestro sentido de pertenencia. La Iglesia Diocesana no es una entidad lejana. No es una sociedad anónima. No es una superestructura más junto a otras. No es una entidad dispensadora de servicios religiosos o sociales. Es una gran familia que experimenta el amor de Dios Padre, que vive la alegría de anunciar al Señor Jesucristo y que se mantiene unida por la fuerza del Espíritu Santo.

En esta familia, cada persona es acogida, valorada, respetada, acompañada. Cada persona cuenta por su propia dignidad, de modo que se puede afirmar, como dice el lema de este año: “Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro”. La Iglesia cuenta con todos, a nadie excluye, no prescinde de nadie porque de todos necesita.

La Iglesia Diocesana tiene una historia que reconoce con memoria agradecida. Y vive arraigada en el presente, una realidad apasionante en la que es preciso sembrar el testimonio vivo de la Buena Noticia. Y construye el futuro en actitud de esperanza.

2) Nos compromete en nuestra colaboración activa. Precisamente la colaboración de todos es la que permite que continúe y se consolide la actividad de la Iglesia en todas sus dimensiones: celebrativa, pastoral, evangelizadora, educativa, cultural, asistencial.

Los datos están a nuestra disposición. Con la ayuda de todos es mucho lo que se hace. Para llevar a cabo todas las iniciativas se necesitan recursos económicos. Cada año se van dando pasos hacia una economía más transparente y eficaz.

La Iglesia es, esencialmente, servidora. Escucha al Señor, transmite su palabra, celebra su presencia en los sacramentos y vive el ministerio de la caridad. La Iglesia se sitúa al servicio de todos, especialmente de los más desfavorecidos, de quienes se sienten excluidos y marginados, de quienes viven en situación de necesidad, en estado de penuria. Con ellos realiza un proceso de reconstrucción, de restauración, de curación de heridas, de consuelo de las aflicciones, de acompañamiento y cercanía.

La Iglesia es misionera, se siente enviada, urgida, a comunicar, a compartir, a anunciar el Evangelio con gestos y palabras, con acciones y silencios de recogimiento, gratitud y alabanza.

3) Nos anima al reconocimiento y la gratitud, porque hay muchas personas que entregan sus vidas, sus cualidades, su espíritu de servicio en una tarea hermosa que construye Iglesia y genera un tejido social más humano, más fraterno y más solidario.
Reconocer significa apreciar, valorar. El reconocimiento nos lleva a no minusvalorar ningún esfuerzo, a no olvidar ningún detalle, a no considerar insignificante ninguna aportación. La gratitud es el sentimiento que nos lleva a estimar lo que se hace, y a cada una de las personas que lo hacen posible, y a corresponder con afecto.

El Día de la Iglesia Diocesana agradecemos a Dios su iniciativa, su voluntad, su designio de amor. Él nos ama, nos llama, nos congrega y nos envía. Como Iglesia Diocesana, tomamos conciencia de nuestra responsabilidad, de nuestra capacidad y de nuestro compromiso.

¡Muchas gracias! Porque seguimos contando con la ayuda de todos, con vuestra entrega generosa y con vuestra constante generosidad.


Recibid un cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

10 de noviembre de 2019

 

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