Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Sobre el deporte

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

La declaración conciliar “Gravissimun educationis” menciona entre los diversos medios para la educación cristiana “los múltiples grupos culturales y deportivos” (GE, 4). El Papa Benedicto XVI subrayó la importancia del deporte en varias ocasiones. Destacamos tres de sus intervenciones:

1) En la Audiencia a una delegación del Comité ejecutivo de la UEFA y de la Federación italiana de fútbol (21 septiembre 2005): “Vuestra presencia me brinda la oportunidad de destacar la importancia del deporte, disciplina que, si se practica respetando las reglas, se convierte en instrumento educativo y vehículo de importantes valores humanos y espirituales”.

2) En el Discurso a una delegación de participantes en los Campeonatos mundiales de natación (1 agosto 2009): “Con vuestras competiciones ofrecéis al mundo un atractivo espectáculo de disciplina y de humanidad, de belleza artística y voluntad tenaz. Mostráis qué metas puede alcanzar la vitalidad de la juventud cuando no se rehúye la fatiga de duros entrenamientos y se aceptan de buen grado no pocos sacrificios y privaciones. Todo esto constituye una importante lección de vida también para vuestros coetáneos”.

“(…) el deporte, practicado con pasión y atento sentido ético, especialmente por la juventud, se convierte en gimnasio de sana competición y perfeccionamiento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad”.

Las disciplinas deportivas nos ayudan a apreciar el don del cuerpo humano que el Señor nos ha dado. “La Iglesia sigue y se interesa por el deporte, practicado no como un fin en sí mismo, sino como un medio, como instrumento precioso para la formación perfecta y equilibrada de toda la persona”.

Vosotros, queridos atletas, sois modelo para vuestros coetáneos, y vuestro ejemplo puede ser determinante para ellos en la construcción positiva de su futuro. Así pues, ¡sed campeones en el deporte y en la vida!”.

“Además, manifestaciones deportivas como la vuestra, gracias a los medios modernos de comunicación social, ejercen un notable impacto en la opinión pública, dado que el lenguaje del deporte es universal y llega especialmente a las nuevas generaciones. Hacer circular mensajes positivos a través del deporte contribuye, por tanto, a construir un mundo más fraterno y solidario”.

“Que vuestra búsqueda de la excelencia vaya acompañada de la gratitud por los dones que habéis recibido de Dios y por el deseo de ayudar a los demás a utilizar sus propios dones para construir un mundo mejor y más unido”.

“Comprometeos en el mundo en que vivís por lo que es bueno y duradero, a fin de que el deporte sirva para desarrollar los dones que Dios ha dado al hombre”.

“Os invito a seguir fomentando el deporte de acuerdo con los más altos valores humanos, de manera que favorezca el sano desarrollo físico de quienes lo practican, y sea así una propuesta para la formación integral de niños y jóvenes”.

Benedicto XVI aprovechó la ocasión para agradecerles “la lección de vida que ofrecéis al mundo, hecha de disciplina y humanidad, de belleza artística y voluntad fuerte para vencer y sobre todo para vencerse a sí mismo”.

3) En el Mensaje a un Seminario de estudios sobre el tema “Deporte, educación y fe: para una nueva etapa del movimiento deportivo católico” (3 noviembre 2009): “El deporte posee un valioso potencial educativo, sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, ocupa un lugar de relieve no sólo en el uso del tiempo libre, sino también en la formación de la persona”.

“Mediante las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual. Las iniciativas deportivas, cuando tienen como objetivo el desarrollo integral de la persona y se realizan bajo la dirección de personal cualificado y competente, son una buena ocasión para que sacerdotes, religiosos y laicos puedan convertirse en verdaderos educadores y maestros de vida de los jóvenes”.


Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

21 de julio de 2019

 

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