Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Queridos jóvenes: no dejéis de soñar

 

 

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Queridos jóvenes:

Os deseo gracia y paz.

Cuando vuestros sueños vuelen altos y la realidad os despierte a un horizonte plano. Cuando vuestras expectativas os lleven lejos  y vuestros pasos sean lentos y pesados. Cuando lancéis la mirada más allá de lo conocido y el más acá de lo cotidiano os aprisione. Cuando los problemas se agolpen como algas alrededor de vuestras cabezas y parezca imposible liberarse de tanto desasosiego y opresión. Entonces, justamente entonces, no dejéis de soñar. Se acerca vuestra liberación.

No dejéis de soñar. Pero no para ser vagabundos somnolientos. Soñad para ser peregrinos que se dirigen con determinación hacia una meta que puede estar lejos, pero que cada día, paso a paso, se acerca más y se percibe próxima, factible, realizable.

Un cuadro no se pinta con breves trazos improvisados. Requiere preparación: materiales, medidas, proyecto. Necesita iniciativa, concentración, perseverancia, esfuerzo. Solamente se puede obtener un buen resultado cuando se ponen los medios adecuados y se sabe conjugar la inspiración con el trabajo.

No dejéis de soñar con un mañana mejor. Hoy puede ser una buena ocasión para comenzar un nuevo modo de estar y de ser, una nueva manera de vivir y de convivir. El sueño no es una quimera (algo imaginario e irreal), ni una pesadilla (un ensueño angustioso y tenaz), sino un proyecto realizable, un impulso interior.

En vuestro sendero nunca estaréis solos. Junto a vosotros siempre estará Jesucristo acompañando, escuchando, animando. Os inspirará con su palabra, os renovará con sus sacramentos, os indicará el camino apropiado, os aconsejará en cada momento. Y cuando lleguéis a una encrucijada en la que, aparentemente, no haya ninguna señal indicadora, Él será signo legible para vosotros. Le miraréis, os mirará, y será más fácil dar el siguiente paso, porque Él es el caminante que os acompaña, el camino que os orienta y la meta que os atrae.

Atravesaréis valles y ríos, llegaréis a las cimas de las montañas. Descubriréis nuevos amaneceres y disfrutaréis con los serenos atardeceres. Cuando anochezca, Jesucristo os hablará con la luz de las estrellas y cuando sea noche oscura, seguiréis teniendo su luz dentro de vosotros.

Cuando estéis hambrientos, Él os nutrirá porque Jesucristo es el Pan de la vida bajado del cielo. Cuando tengáis sed, Él será para vosotros fuente de agua viva. Y surgirá un manantial en vuestro interior.

A Jesús se le acercaban ciegos, cojos, mancos, lisiados, paralíticos y todo tipo de hombres y mujeres necesitados y vulnerables. Para cada persona Él tenía una palabra, un gesto de acogida, una reacción de afecto y una intervención de ayuda. En cada encuentro, el efecto era fulminante. Se realizaba un cambio para algo mejor. Y se producía siempre un gesto de admiración. Y, en ocasiones, hasta de gratitud.

Y Jesús sigue estando vivo, presente y activo. No elude vuestras preguntas, no rechaza vuestras peticiones. No hace oídos sordos a vuestras inquietudes. Desea que compartáis con Él vuestras incertidumbres. Él continúa dando ánimo y aliento a todos y cada uno de vosotros, en todas y cada una de vuestras vidas.

San Pablo nos dice: “buscad los bienes de allá arriba” (Col 3,1). Sabéis que el Papa Francisco os recomienda con frecuencia: no os dejéis robar la esperanza y no dejéis de soñar.


Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

7 de julio de 2019

 

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