Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

La Sagrada Familia nos ayuda a vencer la soledad

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

No somos individuos aislados. Somos parte activa de una familia. Hemos nacido y crecido en un ambiente propicio que ha imprimido una intensa huella en nuestra identidad, en nuestras costumbres, en nuestros valores. La familia es el cimiento de nuestra personalidad y el fundamento de nuestra capacidad de convivencia. Pensamos, sentimos y vivimos con los demás porque así lo hemos aprendido desde nuestros primeros días de vida.

La familia no es solamente un dato sociológico. Contamos con el ejemplo, la ayuda y la intercesión de la Sagrada Familia. La historia de la salvación tiene una etapa especial protagonizada por Jesús, la Virgen María y san José. Ellos supieron lo que era la falta de acogida, el rechazo y la incomprensión. Experimentaron la dureza de los caminos y la amargura de la emigración. Vivieron con escasez de recursos y una gran riqueza de amor en los corazones.

San José supo guardar silencio, estuvo atento a las indicaciones que Dios le comunicaba. Distinguió entre lo legal y lo justo. Acogió con amor a la Virgen María y acompañó a Jesús cuando iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría, mientras la gracia de Dios estaba con Él. ¡Qué gran admiración se produjo en san José y en María cuando Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres!

La Virgen María se distinguió por su capacidad de meditar en su corazón las palabras y los acontecimientos. Guardó en su interior para compartir con todos. Se puso en camino deprisa hacia la montaña para atender a su pariente Isabel. Abrió sus labios para proclamar la grandeza del Señor y alegrarse en Dios, su Salvador. Demostró un conocimiento personal de la Sagrada Escritura y tejió un precioso canto con los mejores hilos de las más bellas páginas de la Antigua Alianza. Se hizo eco de la voz de los profetas y de la inspiración de la poesía.

En la Exhortación apostólica Amoris laetitia leemos: “La encarnación del Verbo en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo. Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María” (AL 65).

El Papa Francisco también escribe en el mismo documento: “una de las mayores pobrezas de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones” (AL 43).

El lema de la fiesta de la Sagrada Familia de este año es: “Familia y parroquia, respuesta a la soledad”. Con tal motivo, los Obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida han escrito una nota en la que indican: “Cada parroquia como una verdadera familia de familias, está llamada a construir una comunión de personas. De este modo, cada miembro de la comunidad parroquial es invitado a salir al encuentro del que sufre, del enfermo, del necesitado, de los mayores y las personas viudas; en definitiva, de todas y cada una de las personas que sufren la soledad y el desamparo”.

La Sagrada Familia nos estimula a vivir en relación de entrega y servicio, de acogida y disponibilidad, de alegría y esperanza. Las comunidades cristianas pueden convertirse en respuesta viva al flagelo de la soledad. Es posible vivir de otra manera, sin exclusiones, sin rechazos, sin descartes. Es posible convivir junto a los más necesitados de comprensión y amor.


Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

30 de diciembre de 2018

 

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