Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

"Este pobre gritó y el Señor lo escuchó"

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El Santo Padre Francisco instituyó el año pasado la Jornada Mundial de los Pobres con el objetivo de estimular a los creyentes para que reaccionemos ante la cultura del descarte y del derroche y hagamos nuestra la cultura del encuentro. La invitación también se dirige a todas las personas para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad.

La Jornada Mundial de los Pobres aporta un elemento delicadamente evangélico: la predilección de Jesús por los pobres. El Papa sugería que las comunidades cristianas organizasen diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta.

“Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” es el lema del Mensaje escrito por el Santo Padre para la II Jornada Mundial de los Pobres. La frase pertenece a un salmo y en la traducción de la Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española suena así: “El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias” (Sal 34[33],7). El salmo describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios:

1) Gritar: la condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. El grito del pobre expresa sufrimiento, soledad, desilusión y esperanza. Es preciso discernir si realmente somos capaces de escuchar a los pobres.

2) Responder: el Señor no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. La respuesta es una participación llena de amor en la condición del pobre. La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. Es también una invitación para que todo el que cree en Él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos.

El Papa desea que la Jornada Mundial de los Pobres sea una pequeña respuesta que la Iglesia entera dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío.

3) Liberar: Dios interviene en favor del pobre para restituirle su dignidad. La pobreza es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. La acción con la que el Señor libera es un acto de salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios.

Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de la proximidad del Señor en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa y no deja que falte el calor de su amor y de su consolación.

El Papa reconoce que, con motivo de la primera Jornada Mundial de los Pobres, muchos encontraron el calor de una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de quienes quisieron compartir la mesa de una manera sencilla y fraterna. Al mismo tiempo, expresa su deseo de que esta Jornada se celebre siempre bajo el signo de la alegría de redescubrir el valor de estar juntos. En resumen: orar juntos y compartir la comida en el domingo.

Dios tiene la iniciativa en la respuesta y la cercanía hacia los pobres. Y es Él quien abre nuestros ojos y nuestros corazones. Quien se pone al servicio de los pobres es un instrumento en las manos de Dios para que se reconozca la presencia y la salvación del Señor. Los pobres no necesitan protagonismo, sino el amor que sabe ocultarse.

El Santo Padre recuerda que en la medida en que se logre dar a la riqueza su sentido justo y verdadero, crecemos en humanidad y nos hacemos capaces de compartir. Al tender las manos unos a otros se realiza el encuentro salvífico que sostiene la fe.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

18 de noviembre de 2018

 

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