Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Homilía de san Lorenzo 2018

 

 

En esta solemne celebración destacaremos tres rasgos de san Lorenzo: 1) evangelizador, testigo de la Buena Noticia; 2) testigo de la vida; 3) compañero de los pobres.

1) San Lorenzo evangelizador, testigo de la Buena Noticia. Vuelve a resonar el primer anuncio: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vio a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (EG 164). Evangelizar a una persona significa decirle: “Tú también eres amado por Dios”. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con esa persona de tal manera que se sienta y descubra que hay en ella algo más grande y más noble de lo que pueda pensar, y que se despierte a una nueva conciencia de su vida, su valor y su tarea. Eso no podemos hacerlo más que ofreciendo nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, hecha de confianza y de estimas profundas. Debemos ser, como san Lorenzo, testigos convencidos y convincentes de Dios, personas sin avaricias ni desprecios, con una amistad que haga a los demás capaces de sentir que son amados y salvados en Jesucristo.

Somos depositarios de un bien que humaniza. No hay nada mejor para transmitir a los demás. El evangelio es la respuesta que en el fondo el mundo está esperando como solución a los graves problemas que le afligen, a las grandes preguntas que toda persona en algún momento de su vida se hace. El Evangelio “responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno” (EG 265).

Sabemos, por propia experiencia, que “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo” (EG 266).
           
2) San Lorenzo, testigo de la vida. Evangelizar no es simplemente una forma de hablar, sino una forma de vivir: vivir en la escucha y convertirnos en voz de Dios Padre. La resurrección de Cristo provoca por todas partes brotes de un mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a resurgir porque la resurrección del Señor ya ha penetrado en la trama oculta de esta historia, porque Jesucristo no ha resucitado en vano.

San Lorenzo nos ayuda a valorar la vida, la vida de todo ser humano, desde el primer momento de su concepción hasta su ocaso natural. Y nos invita, cada día a cinco cosas: 1) Recordar que siempre estamos en presencia de Dios, que en Él vivimos, nos movemos y existimos. 2) Dar gracias por todo lo que hemos recibido. 3) Percibir los lugares de encuentro con Dios: trabajo, familia, amistades, naturaleza, lectura, sacramentos. 4) Saber pedir perdón por nuestras fragilidades. 5) Pedir fuerza para seguir adelante sin desfallecer.

San Lorenzo es un grano de trigo que cayó en tierra y murió, para dar mucho fruto. Sirvió a Jesucristo y el Padre le concedió el premio que no tiene fin. Sembró generosamente y generosamente cosecha.  

3) San Lorenzo, compañero de los pobres. Los cristianos necesitamos una fuerte conmoción que nos impida instalarnos en la comodidad, el estancamiento o la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza y nos haga descubrir la frescura y la novedad del Evangelio.

De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad (EG 186). Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres (EG 187). El imperativo de escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno (EG 193). La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha (EG 195). Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica (EG 198).

“Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El verdadero amor (…) nos permite servir al otro no por necesidad o por vanidad, (…): "Del amor por el cual a uno le es grata la otra persona depende que le dé algo gratis". El pobre, cuando es amado, "es estimado como de alto valor", y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos. Sólo desde esta cercanía real y cordial podemos acompañarlos adecuadamente en su camino de liberación. (…) Sin la opción preferencial por los más pobres, "el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día"” (EG 199).

“Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó en la cuneta del camino” (EG 46).
Hemos de ser presencia cercana junto a los parados, las personas con pensiones insuficientes, las mujeres humilladas y maltratadas, los inmigrantes y refugiados.

4) “"Soyez dans la joie et l’allégresse" (Mt 5,12), dit Jésus à ceux qui sont persécutés ou humiliés à cause de lui. Le Seigneur demande tout; et ce qu’il offre est la vraie vie, le bonheur pour lequel nous avons été créés. Il veut que nous soyons saints et il n’attend pas de nous que nous nous contentions d’une existence médiocre, édulcorée, sans consistance” (Gaudete et Exsultate 1).

Saint Laurent nous présente le don de la vie, le don de sa propre vie en faveur des autres, y compris jusqu’à la mort; “les martyrs sont un "héritage qui nous parle d’une voix plus forte que celle des fauteurs de division"” (GeE 9).

Saint Laurent sait offrir sa vie entière et la jouer jusqu’au martyre comme témoignage de Jésus-Christ; son rêve n’est pas d’avoir beaucoup d’ennemis, mais plutôt que la Parole de Dieu soit accueillie et manifeste sa puissance libératrice et rénovatrice.

5) El gran escritor francés Charles Péguy señalaba que “la fe levantó grandes catedrales, la caridad nos dio asilos, pero ¡ay! del hombre sin esperanza. Sin esperanza el mundo sería un desolador cementerio”.

¡Felices fiestas! De un modo especial a quienes a lo largo de estos días trabajan para que podamos vivir en convivencia, seguridad y armonía: servicio de protocolo, medios de comunicación social, personal sanitario, miembros de Protección Civil, Cruz Roja, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Policía local, bomberos, funcionarios y trabajadores de las administraciones públicas, voluntarios, equipos de limpieza, trabajadores sociales, animadores socio-culturales y recreativos, trabajadores de hoteles, bares y restaurantes, comerciantes, artesanos, transportistas, conductores de servicios públicos, y todos los que nos atienden y orientan en cualquier circunstancia. A todos ellos les expresamos nuestro reconocimiento por su labor y nuestra gratitud por su servicio.

¡Felices fiestas en honor de San Lorenzo!


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca


10 de agosto de 2018

 

Ir al índice de cartas y homilías de este curso

 

Obispado de Huesca - Plaza Catedral 8 - 22002 Huesca

 

mapa     callejero              Teléfono 974221027 - Fax 974220679                  Aviso legal