Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Tienes una llamada

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

El “Domingo del Buen Pastor” celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas. El lema de este año es: “Tienes una llamada”.

El Papa Francisco ha escrito un Mensaje en el que nos dice que también en los tiempos inquietos en que vivimos “Dios siempre nos sale al encuentro y es el Dios-con-nosotros, que pasa por los caminos a veces polvorientos de nuestra vida y, conociendo nuestra ardiente nostalgia de amor y felicidad, nos llama a la alegría. En la diversidad y la especificidad de cada vocación, personal y eclesial, se necesita escuchar, discernir y vivir esta palabra que nos llama desde lo alto y que, a la vez que nos permite hacer fructificar nuestros talentos, nos hace también instrumentos de salvación en el mundo y nos orienta a la plena felicidad”. Veamos, con brevedad, la importancia de es  tos tres verbos: escuchar, discernir y vivir.

1) En medio del ruido interior y exterior que existe dentro de nuestros corazones, y que distorsiona la voz de Dios, es preciso aprender a escuchar, de modo especial en los años de juventud. Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a nuestra libertad.

2) En diálogo con el Señor, y escuchando la voz del Espíritu, se llega a discernir sobre las decisiones fundamentales de la vida. Así se aprende a desarrollar la capacidad de “leer desde dentro” la vida y se logra intuir “hacia dónde” y “qué” es lo que el Señor pide.

3) Así se llega a vivir la alegría del Evangelio, que nos abre al encuentro con Dios y con los hermanos, y que no admite lentitudes, desidias ni excusas. La vocación hace que cada cristiano se convierta en testigo del Señor aquí y ahora.

Jesús comparte el mismo amor y la misma solicitud que tiene por sus ovejas. Las llama por su nombre, las reconoce y ellas le reconocen.

La llamada del Señor no hace ruido ni es espectacular. Es como el “susurro de una brisa suave”. Cuando la fe crece, se hace más personal, más valiente, más decidida y responde sin tardanza a la iniciativa del Señor que llama a su seguimiento.

Dios sigue llamando por su Palabra y a través de la Iglesia. En la Palabra de Dios encontramos respuesta a nuestros interrogantes y una bella historia de salvación que suscita en nosotros asombro y gratitud. En la Iglesia nos sentimos comprometidos para colaborar en favor de las vocaciones con nuestra oración y con nuestro testimonio. Oramos para que haya vocaciones de especial consagración, al sacerdocio y a la vida religiosa, y también para que surjan vocaciones nativas en los países de misión.

La llamada espera una respuesta. No se puede menospreciar la llamada ni dar la espalda a una propuesta. Quien recibe la llamada no puede permanecer sordo, ciego o mudo. Es preciso tener los sentidos bien despiertos, prestar atención a los detalles, dejarse abrazar por el silencio y sentir la mirada de Dios que ilumina a la persona y la inunda con su amor. Uno de los indicadores en el camino que señalan si se ha elegido bien la ruta es la alegría.

El Mensaje del Papa incluye estas palabras: “El Señor sigue llamando hoy para que le sigan. No podemos esperar a ser perfectos para responder con nuestro generoso "aquí estoy", ni asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da”. 


Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca


22 de abril de 2018

 

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