Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Jornada Mundial de los Pobres

 

 

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Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

El Papa Francisco ha instituido la “Jornada Mundial de los pobres” y en el “Mensaje” que ha escrito, titulado “No amemos de palabra sino con obras”, reconoce el contraste “entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos” (nº 1). Afirma que el servicio a los más pobres es “uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo” (nº 2).

El Papa recuerda las páginas de la historia que “han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres” (nº 3).

Y nos exhorta: “No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad” (nº 4).

Nos propone: “Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres” (nº 4).

Reconoce: “Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad” (nº 5).

El Papa añade: “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin "peros" ni "condiciones": son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios” (nº 5).

Nos anima: “Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad” (nº 6).

En esta “Jornada Mundial de los pobres” el Papa desea que las comunidades cristianas “se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta” (nº 7). Estas iniciativas tienen como fundamento la oración (cf. nº 8).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ D. Julián Ruiz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca


19 de noviembre de 2017

 

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