Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Homilía de la misa pontifical de la festividad de san Lorenzo

 

 

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La oración de esta fiesta nos invita a rezar diciendo: “Señor, Dios nuestro, encendido en tu amor, san Lorenzo se mantuvo fiel a tu servicio y alcanzó la gloria en el martirio; concédenos, por su intercesión, amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó”. San Lorenzo nos enseña tres grandes lecciones: 1) alabar a Dios; 2) servir a los pobres; 3) dar testimonio de la fe.

1) Alabar a Dios. La lectura del Eclesiástico que hemos proclamado comienza con estas palabras: “Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mi padre. Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del abismo”. Esta es la primera lección que recibimos de san Lorenzo: alabar a Dios como nuestro Salvador, darle gracias en cualquier circunstancia y en todo momento, especialmente por la fe que hemos recibido de nuestros padres y antepasados, contar y cantar su fama, proclamar con la vida el testimonio de su presencia y cercanía, de su grandeza y de su amor. A san Lorenzo Dios le ha salvado de la muerte del olvido, le ha librado de las garras de la desmemoria. El salmo responsorial también afirma: “El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. (…) su corazón está firme en el Señor”.

San Lorenzo es como un grano de trigo que cayó en tierra, entregó su vida, murió, dio fruto abundante y continúa siendo fecundo. Durante la procesión hemos acompañado a san Lorenzo, cuyo busto se ha hecho presente en las calles y plazas, como signo de bendición. Realmente san Lorenzo bendice los lugares por donde pasa. Bendecir significa “decir bien”. San Lorenzo bendice no porque apruebe todo lo que hacemos, sino porque desea el bien a todas las personas, especialmente a las más necesitadas, a quienes se sienten descartados y desechados, a quienes carecen no solamente de lo superfluo, sino de lo imprescindible para vivir una existencia digna, a quienes experimentan el dolor de la enfermedad, la angustia de la soledad, el desamparo de la incomprensión, a quienes no tienen recursos ni nadie a quien acudir. San Lorenzo bendice y acompaña, sin críticas severas ni amargadas.

2) Servir a los pobres. Celebrar la fiesta de san Lorenzo es una cita anual muy importante. Él supo entregar su vida por Cristo durante la persecución de Valeriano, en el siglo III, cuatro días después del martirio del Papa Sixto II y de otros cuatro diáconos. Ante la solicitud de entregar los bienes de la Iglesia de Roma, realizó un gesto simbólico: dio todo a los pobres y se presentó ante Valeriano. Con un solo gesto proclamó dos realidades: que en la Iglesia los bienes terrenos se destinan a los pobres y que los pobres son el verdadero tesoro de la Iglesia. Con su gesto respondió a la arrogancia del emperador y su acción es muy significativa para toda la historia hasta nuestros días. De ahí aprendemos a ser Iglesia misionera, en salida, hospital de campaña, ocupada en sanar las heridas de quienes padecen. 

San Lorenzo fue un servidor de Jesucristo, quiso seguir a Jesús y le acompañó hasta la muerte. Por eso, donde se celebra el triunfo de Cristo se conmemora también a su servidor. San Lorenzo supo sembrar generosamente, y generosamente cosecha. El salmo reza: “Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad”.

San Agustín escribió sobre san Lorenzo: “Amó a Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte”. Contemplamos en san Lorenzo la fuerza de una vida apasionada y apasionante, la entrega inquebrantable a Jesucristo que le llevó a arriesgar su propia existencia. En su vida, el amor se hizo acontecimiento, experiencia sorprendente. Él supo acoger y sentir el amor de Dios, y vivir hasta morir para ser testigo (“mártir”) de ese mismo amor.

En nuestros días somos testigos del sufrimiento que la pobreza y la exclusión social producen en muchas personas. Un sufrimiento que tiene raíces morales, sociales y económicas. San Lorenzo nos enseña a mirar los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados de nuestros hermanos para estimularnos en la fe, despertarnos a una esperanza viva y comprometernos a un amor creciente.

San Lorenzo nos invita a abrir los ojos para reconocer a los pobres de nuestro tiempo: 1) Los niños que sufren privaciones básicas, que carecen de un ambiente familiar y social apto para crecer, educarse y desarrollarse adecuadamente. 2) Los jóvenes sin trabajo, sin posibilidad de independizarse, sin recursos para crear una familia, obligados a emigrar para buscarse un futuro. 3) Los ancianos marginados, olvidados, con reducidas pensiones, a quienes se recurre para equilibrar el presupuesto de muchas familias. 4) Las mujeres golpeadas por la penuria económica, hasta el punto de que se puede hablar de una “feminización de la pobreza”. 5) Las nuevas formas de pobreza, como el flujo migratorio. 6) El empobrecimiento espiritual, hondo, visible, que tiene serias consecuencias personales y sociales.

San Lorenzo vivió la fe como participación en el modo de ver de Jesús. Desde esta perspectiva descubrió en los pobres y necesitados el tesoro de la Iglesia. Junto a él, este año deseamos detenernos en las necesidades de los jóvenes. Junto a san Lorenzo aprendemos a mirar a los jóvenes sin recelos ni desconfianzas; a descubrir sus valores y posibilidades; a salir a su encuentro para encontrarlos donde están, según sus tiempos y sus ritmos; a caminar a su lado; a respetar su libertad; a valorar su creatividad; a captar su originalidad y a estar con ellos en la construcción y desarrollo de su vida.

3) Dar testimonio de la fe. Las personas siguen necesitando a Dios y no podemos dejar de ser testigos de su amor y de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe.

San Lorenzo nos anima a reconocer algunos principios que, desde la fe y desde la Doctrina Social de la Iglesia, iluminan nuestra realidad: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la defensa de los derechos y la promoción de los deberes, el bien común, el derecho a un trabajo digno y estable.  
La devoción a San Lorenzo, tejida de reconocimiento por el estímulo de su ejemplo y de gratitud por su intercesión, es expresión de nuestra vida, recapitulación agradecida de nuestra historia, acción de gracias por la presencia fecunda de la fe, y plegaria dirigida al Señor para que nos bendiga y proteja, ilumine nuestros corazones y haga descender sobre nosotros y sobre nuestras familias el rocío del Espíritu Santo.

Cantamos en el himno a San Lorenzo: “Los oscenses, postrados a tus plantas, // y admirando tu fe sobre el dolor, // te suplican infundas en sus vidas // los alientos que el cielo te otorgó”. Admiramos la fe en el dolor de san Lorenzo y suplicamos que el Señor infunda en nuestras entrañas un aliento de vida solidaria, de esperanza generosa, de alegre y serena convivencia y de amor fraterno.

4) Aujourd`hui les jeunes ont besoin d`un témoignage prochain, crédible, cohérent et honnête. Ils cherchent des personnes capables d’exprimer une certaine harmonie et de leur offrir un soutien, un encouragement et une aide.

Dans cette recherche de parcours capables de redonner courage et les élans du cœur, on ne peut pas ne pas tenir compte de ce que la personne de Jésus et la Bonne Nouvelle qu’il a proclamée continuent de fasciner de nombreux jeunes.

En regardant la vie de saint Laurent, l`Église veut réaffirmer son désir de rencontrer, d’accompagner, de se préoccuper de chaque jeune, sans en exclure aucun. Venir au monde signifie rencontrer la promesse d’une vie bonne et être écouté et protégé constitue l’expérience originelle qui inscrit en chacun la confiance de ne pas être abandonné au manque de sens et aux ténèbres de la mort, ainsi que l’espérance de pouvoir exprimer son originalité dans un parcours vers une vie en plénitude.

Saint Laurent, diacre et martyr, est serviteur des pauvres et témoin de l`évangile: l`évangile de la foi, de la vie, de la famille, de la joie, de la création, de la paix, de l`amour.

5) Durante estos días se desarrolla el trabajo imprescindible y eficaz de quienes se esfuerzan por el bien común: el servicio de protocolo, medios de comunicación social, personal sanitario, miembros de Protección Civil, Cruz Roja, Fuerzas Armadas, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, bomberos, funcionarios y trabajadores de las administraciones públicas, agentes de tráfico, voluntarios, equipos de limpieza, trabajadores sociales, animadores socio-culturales y recreativos, trabajadores de hoteles, bares y restaurantes, comerciantes, artesanos, transportistas, conductores de taxis y autobuses, y todos los que nos atienden y orientan en cualquier circunstancia. A todos ellos les expresamos nuestro reconocimiento por su labor y nuestra gratitud por su servicio.

 

¡Felices fiestas en honor de san Lorenzo!


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

10 de agosto de 2017

 

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