Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Han pasado once meses

 

 

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El cuatro de septiembre de 2016 se editó el primer número de “Iglesia en Aragón”, la publicación semanal de las diócesis aragonesas. En su primera página, contemplábamos el rostro orante de Madre Teresa de Calcuta, la santa de los pobres y fundadora de las Misioneras de la Caridad, canonizada ese mismo día por el Papa Francisco. Un excelente signo para una apasionante aventura de colaboración interdiocesana en el ámbito de los medios de comunicación social.

Desde entonces, han pasado once meses de trabajo continuo y riguroso para ofrecer, cada semana, el palpitar de la vida y misión de la Iglesia que peregrina en Aragón. Al acabar este primer ciclo pastoral, considero oportuno hacer una pausa para revivir lo realizado con memoria agradecida, reflexiva y esperanzada.

1) Memoria agradecida. El Papa Francisco dijo en Cracovia el 27 de julio de 2016: “(hay) dos tipos de memoria: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros”.

Damos las gracias a todas las personas que han contribuido, con su trabajo y esfuerzo, para la publicación semanal de un puñado de páginas llenas de vida en las que se ensamblan verdad, anuncio y autenticidad. Hasta el lugar más recóndito de las diócesis, han llegado informaciones, testimonios, huellas, perfiles, fundamentos, meditaciones, itinerarios vitales, espacios de diálogo, ámbitos de intercambio, actividades, iniciativas, proyectos, seguimiento de los planes diocesanos de pastoral, cartas episcopales, datos de agenda. En definitiva: mucha vida. Por todo ello, muchas gracias.

El agradecimiento se extiende a quienes han enviado noticias, a quienes han propuesto sugerencias, y a quienes, con paciencia y generosidad, han llevado personalmente las ejemplares semanales a los hogares y otros lugares de lectura. Así, cada número ha podido ser leído por diversas personas en muy diferentes contextos.

2) Memoria reflexiva. La “memoria buena” no excluye la capacidad de evaluación y revisión. Se ha logrado una meta y es interesante analizar el recorrido, valorar el itinerario. Los Delegados diocesanos de Medios de Comunicación Social se reúnen periódicamente en un trabajo coordinado, digno de reconocimiento y gratitud. La reflexión incluye un pensamiento atento y pausado.

3) Memoria esperanzada. Todavía queda mucho camino por recorrer. Ha llegado el momento de reponer fuerzas, de renovar ideas e iniciativas, de estudiar y proponer nuevas metas. Es importante alcanzar una mayor y mejor difusión, lograr una eficaz coordinación, avanzar en un nuevo plan de comunicación, adquirir familiaridad con las herramientas y novedosas formas de comunicación digital.

En la actualidad, se ha realizado una amplia transformación en el terreno de las comunicaciones que produce grandes cambios culturales y sociales. El Papa Benedicto XVI reconocía en el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (5 de junio de 2011) que hay un nuevo modo de difundir información y conocimientos, ha nacido un nuevo modo de aprender y pensar, y tenemos nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

¡Feliz descanso a todos! Nos volveremos a leer en septiembre (D.m.).

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

 

30 de julio de 2017

 

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