Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Homilía Jesucristo sumo y eterno Sacerdote Huesca 2013

 

 

 

1) Damos gracias a Dios por su fidelidad y por la fidelidad de D. Felipe Borau Barbed, D. Mariano Peleato Prad, D. José Ramón Villobas Sesé, D. Joaquín Zamora Rodrigo, P. Alfonso García de Eulate y P. José Iriarte Aldave, que fueron ordenados en el año 1963, en pleno desarrollo del Concilio Vaticano II. Y agradecemos el testimonio y la entrega de D. Luis Gurucharri Amóstegui y D. Rodolfo Prieto Sánchez, que comenzaron su ministerio en el año 1988, cuando se vislumbraba la necesidad de prepararse para cruzar el umbral del tercer milenio.

En esta celebración damos gracias al Señor, de un modo especial por nuestros hermanos sacerdotes. Han vivido años de fidelidad de Dios y años de fidelidad a Dios. Damos gracias a Dios con ellos, porque son testigos de que el Señor se ha manifestado siempre fiel. Y damos gracias a Dios por ellos, porque han respondido fielmente a la llamada suscitada en sus corazones para ser testigos de Jesucristo en la vida y en la misión de la Iglesia.

Queridos hermanos, os felicitamos de corazón. Os agradecemos vuestro servicio a la Iglesia que peregrina en Huesca, vuestra dedicación, vuestro esfuerzo, la calidad de vuestra presencia y la generosidad de vuestra entrega.

Muchas gracias por vuestro testimonio, por vuestro acompañamiento y por vuestra oración. Vuestras vidas son reflejo de que Dios es fiel y de que Él hace posible, con la fuerza del Espíritu Santo, una respuesta fiel, dinámica y creciente.

 

2) La liturgia de hoy nos permite tomar conciencia agradecida de un acontecimiento decisivo en la historia de la salvación: con Jesucristo se pasa de un sacerdocio ritual a un sacerdocio existencial. Lo escuchamos en la carta a los Hebreos: “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio”. Lo repite en salmo responsorial: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. Entonces yo digo: ´Aquí estoy -como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad`”. Frente a los sacrificios y ofrendas, el oído abierto, disponible y obediente. Frente al “sacrificio expiatorio”, la disponibilidad para hacer la voluntad del Padre.

Toda la vida de Jesucristo es una ofrenda, toda su existencia tiene carácter oblativo. Él vive una existencia que es pro-existencia. Vive para los demás. Vive desde el Padre, en la unidad del Espíritu, llamando y convocando al amor y la unidad. Vive dando su vida y dando vida. Él ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

De esta manera, “Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados”. La perfección que el Señor nos consigue y nos concede se basa en una sola ofrenda: la de toda su vida. Él no pone límites a su entrega y de Él aprendemos a no poner límites a nuestra ofrenda vital.

Con Cristo Jesús se inaugura una nueva alianza, una alianza sellada en los corazones y en la mente: “pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente”. Una alianza de perdón y reconciliación: “Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes”.

En Cristo Jesús se nos concede “entrada libre al santuario”, “en virtud de la sangre de Jesús”. Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote inaugura “el camino nuevo y vivo” a través de la cortina de su carne. Ya no caben ni el recelo ni la desconfianza. Poseemos entrada libre.

En la antigua alianza, el sumo sacerdote accedía al “Santo de los santos” a través de la cortina. Ahora hay un nuevo acceso: la carne de Cristo, su historia viva y vivificante, su presencia reconciliadora y sanadora, su persona que ilumina nuestros pasos con la luz de su palabra.

Por eso resuena gozosa y comprometedora la expresión: “teniendo un gran sacerdote al frente de la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia”. Y escuchamos con entusiasmo la invitación final: “Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos”. Una llamada a la firmeza que se basa no en nuestras fuerzas, sino en la victoria de Jesucristo.

El sacerdote participa de los rasgos del Siervo de Yahvé descritos por el profeta Isaías. Es especialmente significativa la expresión: “Por los trabajos de su alma verá la luz”. Esto nos permite entender lo que hemos dicho en el salmo responsorial: “He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea”.

 

3) En el Plan Diocesano de Pastoral 2012-2015 hemos señalado unas acciones que también hemos querido subrayar para este año pastoral 2012-2013: 1) “Estimular la pastoral vocacional como responsabilidad prioritaria de toda la comunidad cristiana”. 2) “Apoyar al Seminario, potenciar la formación y abrirlo a la realidad diocesana”. 3) “Promover la fraternidad sacerdotal, y recuperar la ilusión y la esperanza”.

Dentro de las actividades programadas en el Año de la Fe, el Papa Francisco ordenó a un grupo de sacerdotes el pasado 21 de abril. En la homilía les invitaba a considerar a qué ministerio accedían en la Iglesia. Y les hizo una serie de recomendaciones que nos ayudan también a nosotros, sacerdotes y seminaristas, en esta celebración:

1. Sobre la función de enseñar en nombre de Cristo: “Transmitid a todos la palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Recordad a vuestras madres, a vuestras abuelas, a vuestros catequistas, que os han dado la Palabra de Dios, la fe... ¡el don de la fe! Os han trasmitido este don de la fe. Y al leer y meditar asiduamente la Ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Recordad también que la Palabra de Dios no es de vuestra propiedad, es Palabra de Dios. Y la Iglesia es la que custodia la Palabra de Dios”.

“Que vuestra enseñanza sea alimento para el Pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que, con vuestra palabra y vuestro ejemplo, se vaya edificando la casa de Dios, que es la Iglesia”.

2. Sobre la función de santificar en nombre de Cristo: “Por medio de vuestro ministerio alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta. Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar con él en una vida nueva”.

“Introduciréis a los hombres en el Pueblo de Dios por el Bautismo. Perdonaréis los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia. Y hoy os pido en nombre de Cristo y de la Iglesia: Por favor, no os canséis de ser misericordiosos. A los enfermos les daréis el alivio del óleo santo, y también a los ancianos: no sintáis vergüenza de mostrar ternura con los ancianos. Al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la oración de alabanza y de súplica, os haréis voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad”.

“Conscientes de haber sido escogidos entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios, ejerced con alegría perenne, llenos de verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando el propio interés, sino el de Jesucristo. Sois Pastores, no funcionarios. Sois mediadores, no intermediarios”.

3. Al participar en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor: “permaneciendo unidos a vuestro Obispo, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia para conducirlos a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tened siempre presente el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir, y buscar y salvar lo que estaba perdido”.

 

Agradecemos a nuestros hermanos su fidelidad, su testimonio, su entrega y su generosidad, y pedimos al Señor que envíe santas y nuevas vocaciones a la Iglesia que peregrina en Huesca y en Jaca.

 

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

 

23 de mayo de 2013

 

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