Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Seguir al Señor hasta la Cruz

 

 

 

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

 

La Cuaresma es un tiempo intenso de preparación interior, un camino, una peregrinación que nos conduce hasta el manantial de la misericordia, un sendero de seguimiento gozoso, consciente y confiado.

Para emprender el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor es conveniente escuchar atentamente la Palabra de Dios. Para entender lo que significa el seguimiento descubrimos en la Sagrada Escritura una serie de nítidos textos.

El Señor hizo salir al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto y lo guiaba y acompañaba: “El Señor caminaba delante de los hijos de Israel: de día, en una columna de nubes, para guiarlos por el camino; y de noche, en una columna de fuego, para alumbrarlos, para que pudieran caminar día y noche” (Ex 13,21).

Dios mismo se hace compañero de camino del pueblo peregrino. No lo abandona en ninguna circunstancia, ni de día ni de noche. Una doble columna orienta el sendero: la columna de nubes guía durante el día y la columna de fuego alumbra de noche.

Salomón le dice al Señor en Gabaón: “Has actuado con gran benevolencia hacia tu siervo David, mi padre, porque caminaba en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón” (1 Re 3,6). A través del profeta Ajías, el Señor presenta a David con estas palabras: “mi siervo David, que guardó mis mandatos y me siguió con todo su corazón, haciendo sólo lo que es recto a mis ojos” (1 Re 14,8).

Caminar en la presencia del Señor con tres rasgos -lealtad, justicia y rectitud de corazón- se expresa también con otras tres dimensiones: guardar los mandatos del Señor, seguirle de corazón y hacer lo recto a sus ojos.

No se puede caminar con soltura en medio de dudas e incertidumbres con apoyos contradictorios. El pueblo de Israel escucha el reproche profético de Elías: “¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal” (1 Re 18,21).

El seguimiento es cordial, de corazón, e incondicional. Es un seguimiento inédito, nuevo, por senderos desconocidos. El Señor se dirige al pueblo diciendo: “Recuerdo tu cariño juvenil, el amor que me tenías de novia, cuando ibas tras de mí por el desierto, por tierra que nadie siembra” (Jer 2,2).

La llamada de Jesús es una invitación al seguimiento, a transitar tras sus huellas. A los primeros discípulos les propone: “Venid en pos de mí” (Mc 1,17). A Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, le dice: “Sígueme” (Mc 2,14).

Ir tras los pasos de Jesús implica renuncia (negarse a sí mismo), cruz (hay que tomarla cada día) y seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23).

El seguimiento también incluye un importante aspecto de servicio: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor” (Jn 12,26).

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

 

10 de marzo de 2013

 

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