Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Julián Ruiz Martorell

Oramos por el Santo Padre

 

 

 

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

 

El martes 19 de abril de 2005, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, Su Santidad el Papa Benedicto XVI dijo: “Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”. 

El pasado lunes 11 de febrero, el Santo Padre nos sorprendía con estas palabras: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”.

Y añadía: “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

Entre ambas alocuciones, hemos sido testigos de la hondura teológica, de la delicadeza espiritual, de la enorme humildad y de la capacidad de sacrificio del Santo Padre. Su última decisión engrandece el relieve de su personalidad.

Sobre su renuncia afirmó en la Audiencia del 13 de febrero: “Lo he hecho con plena libertad por el bien de la Iglesia, tras haber orado durante mucho tiempo y haber examinado mi conciencia ante Dios, muy consciente de la importancia de este acto, pero consciente al mismo tiempo de no estar ya en condiciones de desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que éste requiere”.

Y nos daba una clave: “Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, que no dejará de guiarla y cuidarla. Agradezco a todos el amor y la plegaria con que me habéis acompañado”. Y continuaba: “Seguid rezando por mí, por la Iglesia, por el próximo Papa. El Señor nos guiará”.

Debemos apoyar al Papa con nuestra oración intensa y agradecida. Nuestra plegaria se une a la de toda la Iglesia para que el Señor siga acompañando al Santo Padre, le conceda fuerza física y aliento espiritual.

La oración expresa nuestra profunda gratitud, nuestro sincero reconocimiento por todos los dones con que el Señor nos ha bendecido durante este pontificado, por su magisterio firme y consistente, por su cercanía a los jóvenes, por su proximidad con los enfermos y sufrientes, por el vigor de sus esfuerzos en favor de la unidad de los cristianos, por la claridad de sus palabras, por el talento expresado en sus escritos, por su amor a la Iglesia, por el Año de la Fe, por el sacrificio personal que le han supuesto sus desplazamientos durante los viajes apostólicos, por su presencia constante en los grandes acontecimientos eclesiales.

Nuestra plegaria también se orienta hacia el Espíritu Santo para que suscite el Pastor que la nave de la Iglesia necesita en estos momentos.

Hacemos nuestra la oración de la Misa para elegir un Papa: “Oh Dios, Pastor eterno, que gobiernas a tu grey con protección constante, te rogamos que, por tu misericordia infinita, concedas a la Iglesia un pastor que te agrade por su santidad y sea útil a tu pueblo por su vigilante dedicación pastoral”.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

 

24 de febrero de 2013

 

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