Vaticano Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Jesús Sanz Montes

 

Palabras de acogida al Obispo electo de Huesca y Jaca, Mons. Julián Ruiz Martorell

 

Emmo. Sr. Cardenal, Excmo. Sr. Nuncio Apostólico, Excmos. Sres. Arzobispos y Obispos, Hermanos Sacerdotes, Diáconos, Excmas. Autoridades, Seminaristas, miembros de Vida Consagrada, Fieles cristianos laicos. Paz y Bien.

 

Sal de tu tierra y vete a la que yo te indicaré. Así de misterioso y taxativo se muestra el relato en el que Dios invita a Abraham a comenzar su éxodo. La peregrinación está escrita en la entraña del pueblo judío y forma parte del mandato misionero que ha vivido el cristianismo.

Cuando uno puede habituarse a un entorno, una compañía o un quehacer, sucede que Dios mismo te desarraiga para poner de nuevo tus pies en movimiento, asomar tus ojos a un horizonte distinto y poner en tus manos una nueva encomienda con la que seguir implorando la paz y amasando el bien.

Muy querido D. Julián, esta mañana nos encontramos junto a ti con todo nuestro afecto de hermanos, con nuestra ofrenda de amigos, y queriendo hacer sencillo y hermoso el paso que estás dando al salir de tu tierra anterior, Zaragoza, y estrenar como Sucesor de los Apóstoles tu nuevo oficio.

Puedo decirte por experiencia que ayuda tanto, es incluso indispensable, que el Pueblo al que eres enviado te reciba con los brazos y las puertas abiertas. Dios que te ha llamado te dará las fuerzas, pero los hermanos a los que en su Nombre vienes tienen también una preciosa acogida que ofrecerte. Verás cómo en Huesca y en Jaca, podrás experimentarlo con creces con esta tu nueva comunidad cristiana. Si te vale mi testimonio, déjame que comparta contigo en voz alta delante de tantos hermanos y amigos.

Huesca y Jaca son dos diócesis de larga andadura y de historia muy rica y fecunda, que también a ti la Madre Iglesia te confía simultáneamente, unidas en tu persona y conservando su autonomía propia. No es sencilla la labor en este doblete ni para ti ni para las dos Diócesis, y esta fórmula compleja te exigirá entrega generosa y a tus fieles comprensión y paciencia. Pido al Señor que te dé fortaleza en el empeño y los hermanos que pastorearás colaboren contigo lealmente como estoy seguro que harán.

Ciñéndome hoy a Huesca, como Dios mediante mañana lo haré en Jaca, puedo decirte que tienes un presbiterio unido dentro de su rica pluralidad. Te encontrarás con sacerdotes sensatos y entregados que no viven en la nostalgia de un ayer inmediato, ni con insidia en el presente, ni con maquinación ante el porvenir, que no pierden el tiempo en los dimes o diretes de cualquier sacristía, sino que viven su vocación con serena fidelidad según Dios lo reclama y la Madre Iglesia lo requiere. Verás que hay curas que suplen con su generosa entrega y con su celo pastoral lo que a veces la escasez de vocaciones o la demasiada edad merma nuestro trabajo de servir al Señor atendiendo en su nombre a nuestra gente.

Es por eso que el Seminario es una esperanza grande, una esperanza que no es virtual, ni ajena ni alienante. Poder contar con este grupo de jóvenes que se preparan en nuestro Seminario diocesano, poder contar aquí con los profesores y formadores con los que contamos es una gracia de Dios en todos los sentidos, que permite no sólo formar a los futuros curas, sino también enriquecer la formación permanente de nuestros laicos que trabajan en la catequesis y en la pastoral.

Tenemos en esta Diócesis una vida consagrada que es rica en carismas. Diversas formas de consagración que desde sus respectivos modos de seguir al Señor, aportan lo mejor de sí mismos, sus obras evangelizadoras, sus casas y centros, con los que Dios bendice a su Pueblo en la vida contemplativa de nuestras monjas claustrales y en la vida apostólica del resto.

Merecen una mención especial nuestros laicos cristianos. Comprometidos con su fe son corresponsables en las tareas apostólicas, y amando el mundo apasionadamente como hijos de Dios e hijos de la Iglesia hacen del trabajo, de la solidaridad, de la educación, de la familia y de la vida, una ocasión para testimoniar la belleza del cristianismo como buena noticia que contar.

Con los sacerdotes, los consagrados y los laicos, tienes delante todo un camino que andar, desbrozar y compartir. Poco a poco irás poniendo nombre a los desafíos, darás gracias por las cosas encauzadas, y pondrás creatividad a tantas otras aún sin escribir.

Las instituciones públicas y nuestros gobernantes, verás que son excelentes interlocutores con los que lealmente poder ayudarnos en el servicio común a nuestra sociedad desde el respeto de nuestros ámbitos correspondientes.

He recordado en mi última carta publicada en este día, que al venir como Obispos no llegamos como Goliat con coraza, yelmo y espada, ni siquiera como hizo David con honda y pedrada, porque no venimos con el encargo de abatir a nadie, sino acompañar y compartir, escuchar y proclamar, confirmar y corregir, vendar y perdonar, y amar, sobre todo amar cuando enseñamos, santificamos o gobernamos como Obispos.

Para mí han sido años imborrables aquí en donde comencé a aprender a ser Obispo, sólo un comienzo para no olvidar que en las cosas importantes siempre seremos novicios. No te es ajena esta noble tierra aragonesa, llena de contrastes geográficos, con las alturas de nuestro mejor Pirineo, con sus estepas en unos cambiados y regados Monegros, con sus villas y pueblos que celan el arte románico en casas, ermitas e iglesias, con los bosques, los campos y las nieves. Es la impronta de una increíble belleza grabada en mis adentros, por la que doy gracias siempre que vuelvo o la recuerdo. Pero si hermosa es esta tierra, más preciosa ha sido para mí su gente. Noble y directa, tozuda sin ser terca, que no sabe de doblez ni quiere aprenderla.

Querido D. Julián, al dejar en tus manos esta querida comunidad cristiana que el Señor puso en las mías, te deseo lo mejor en la Diócesis para que como tu Cuenca natal sea una Huesca encantada por la gracia de Dios y por tu acierto en la encomienda.

Al dar la bienvenida a nuestro nuevo Obispo, me despido de todos vosotros amigos y hermanos con un hasta luego bendito. Lleno de la gratitud por tanto y tantos que inmerecidamente me han ayudado, me han comprendido e incluso perdonado cuando yo no he llegado a tiempo o cuando acaso en el intento me he pasado. Hay nombres tan queridos como inolvidables que quedan en mi alma con rostro de hermano y la complicidad del amigo que nunca fue servil incondicional ni interesado fugitivo. Un recuerdo agradecido a quienes han sido mis tres vicarios generales: D. Agustín Catón, D. José Antonio Satué y en este año intenso y especial D. Nicolás López. Como dije al marchar a Asturias, de nuevo lo repito: llevadme en vuestro corazón, porque yo en mi corazón os llevo.

Termino ya. Querido D. Julián si empezaba diciendo Paz y Bien, quiero terminar diciéndote Paz y Bienes. Los bienes de una Iglesia particular que son sobre todo los hijos e hijas de Dios que Él confía a tu ministerio episcopal, y los bienes de nuestro patrimonio cultural que debidamente solicitados a quien los custodia, deseamos vuelvan a nosotros poniendo fin a su entredicho y a ausencia.

No tengas miedo. Dios sabe lo que hace. El Señor te bendiga y te guarde.

 

 

 

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

A. A. de Huesca y de Jaca

 

06.03.2011

 

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