Vaticano Conferencia Episcopal

Cartas y homilías de Mons. Jesús Sanz Montes

 

Un día de familia diocesana

 

Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.

Este domingo celebramos el día de la Iglesia diocesana. La Iglesia del Señor es esa familia de cristianos que tiene un horizonte verdaderamente católico, es decir, universal. Y esta universalidad nos la garantiza el Papa que como Obispo de Roma preside en la caridad a todas las iglesias particulares de cada una de las diócesis. Nuestra condición de católicos no se queda en una visión globalizada de la fe, sino que acierta a vivirla en lo concreto de una diócesis y de una parroquia. Se trata de vivir lo universal de la Iglesia y lo particular de nuestra diócesis, sin caer en la abstracción anónima ni en un nacionalismo empobrecedor.

Nuestra biografía cristiana nos permite describir el itinerario que hemos ido recorriendo a lo largo de nuestra vida. Desde que somos incorporados a la Iglesia por el Bautismo, nuestra vida va creciendo en medio de ese pueblo de Dios al que pertenecemos. Recibimos el crisma con el que fortalecemos nuestra fe en la Confirmación. Tomamos la santa Eucaristía como el alimento que sacia y sostiene las exigencias de nuestro corazón. Nos acercamos a la Confesión cada vez que reconocemos nuestra fragilidad y nuestra condición de pecadores. Los amores en el sí del Matrimonio o en el sí del Sacerdocio, señalan también la aceptación de la vocación recibida. La Unción de enfermos es el óleo santo con el que los achaques de la ancianidad o los de la enfermedad grave, son ungidos por la gracia de Dios que nos ayuda a superar el límite o a vivirlo cristianamente.

Esto responde a la vivencia de los sacramentos con los que el Señor nos acompaña en su Iglesia, y que recibimos en la Parroquia a la que pertenecemos, en donde también acogemos la catequesis con la que a cada edad formamos nuestra fe, y en donde se nos invita a testimoniar con los demás cristianos, los mil gestos de caridad al servicio de los más menesterosos.

Por otra parte, asomarnos a la belleza esencial de la que nos hablan nuestras iglesias es permitir asomarnos a un recinto en donde Dios y el hombre paseaban, como amigos buenos a la hora de la brisa vespertina, en donde el hombre elevaba sus preguntas y Dios le abrazaba con sus respuestas. El artista creyente con sus cinceles y sus pinceles, logra esculpir y dibujar lo mejor de su humanidad y su diálogo con el Creador.

Necesitamos en nuestro mundo de prisas, de humos y ruidos, recuperar estas zonas verdes del espíritu, estos jardines de piedra, en donde lo humano no se hace artificial ni ficticio, y lo divino se alía como cómplice mejor de la felicidad para la que fuimos hechos.

Estamos ante una labor de educación en la fe, de servicios religiosos, sociales y culturales, y de mantenimiento de unos edificios como son las iglesias. Todo lo que la Iglesia diocesana trata de llevar adelante, supone no sólo el interés y la participación de todos los creyentes, sino que para que podamos seguir acompañando a todos y ayudando a los que más lo necesitan, es imprescindible la colaboración económica de los católicos y de los que valoren su labor. La Iglesia necesita que contribuyamos con una aportación periódica, pues esta sería la mejor forma de colaboración económica.

Todos somos testigos de la fe de la Iglesia, cada uno con la vocación recibida. Vivimos abiertos a la esperanza, la alegría, la generosidad y la caridad para luchar contra la soledad, la pobreza y la exclusión tan presentes en nuestra sociedad, para anunciar la presencia de Dios con su Palabra y su Gracia.

El Señor os bendiga y os guarde.

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

16.11.2008

 

Ir al índice de cartas y homilías de este curso

 

Obispado de Huesca - Plaza Catedral 8 - 22002 Huesca

 

mapa     callejero              Teléfono 974221027 - Fax 974220679                  Aviso legal